Navarra, un poquito de historia
El Reino de Navarra es un núcleo político surgido a mediados del siglo VIII en los Pirineos occidentales.
En este lugar, sometido a la presión musulmana por el sur y a la de los francos por el norte, la aristocracia tribal de la zona consiguió establecer a principios del siglo IX una monarquía. La dinastía que inició esta fórmula política fue la de los Arista, que contó con el apoyo de la familia muladí de los Banu Qasi que pretendía desvincularse de Córdoba. Su fundador fue Íñigo Arista (810-852), a quien sucedió García Íñiguez (852-870) y Fortún Garcés (870-905).
La dinastía Jimena
A principios del siglo X se instaló en el trono una nueva dinastía, la Jimena, cuyos representantes fueron Sancho Garcés I (905-925), García Sánchez I (925-970) -que incorporó para Navarra el condado de Aragón-, Sancho Garcés II (970-994), García Sánchez II (994-1000) y Sancho III el Mayor (1000-1035). Con este último monarca, conocido también como Sancho Garcés III, el reino de Navarra logró su máximo esplendor, incorporándose Sobrarbe, Ribagorza, Álava, Vizcaya y el condado de Castilla.
Casa de Navarra
A la muerte de Sancho III heredó Navarra su hijo García de Nájera (1035-1054), iniciándose así la Casa de Navarra. La muerte de su sucesor Sancho IV de Peñalén (1054-1076) puso en manos aragonesas el reino de Navarra, que permaneció unido a Aragón durante los reinados de Pedro I y Alfonso I. Al morir este último sin descendientes, los navarros se desvincularon de Aragón y proclamaron rey a García Ramírez (1134-1150). Con sus sucesores Sancho VI (1150-1194) y Sancho VII (1194-1234), bajo cuyo reinado se perdieron Álava y Guipúzcoa, Navarra fue un reino residual constreñido entre sus dos poderosos vecinos, Castilla y Aragón.
Casa de Champaña
La desaparición de Sancho VII permitió la instauración en Navarra de la llamada Casa de Champaña, que inauguró su sobrino Teobaldo I, hijo del conde de Champaña (1234-1253). La dinastía continuó con Teobaldo II (1253-1270) y Enrique I (1270-1274). Durante este periodo los monarcas reconocieron los derechos de los navarros contenidos en el Fuero General.
Casa de Francia
A la muerte de Enrique heredó el trono su hija Juana, que se casó con Felipe IV de Francia, uniéndose así Navarra a la Corona francesa (1284). Hasta 1328 Navarra se convirtió en una pieza de la monarquía francesa, en cuyas manos estuvo la administración del territorio. El dominio francés permaneció durante los reinados de Luis I el Obstinado (1307- 1316, aunque no fue coronado como rey de Navarra hasta 1314, año en que, como Luis X pasó a ser también rey de Francia), Felipe el Largo (1316-1322) y Carlos I (1322-1328).
Casa de Evreux
La muerte sin herederos de Carlos permitió a Navarra liberarse de Francia al aceptarse los derechos de una hija de Luis el Obstinado, Juana II (1328-1349), casada con Felipe, conde de Evreux. La dinastía Evreux continuó con Carlos II (1349-1387) y Carlos III (1387-1425). La administración pasó de nuevo a manos navarras, pero fue también un periodo de crisis caracterizado por las pestes y las guerras.
A Carlos III le sucedió su hija Blanca (1425-1441), casada con Juan II de Aragón, que se enfrentó a su hijo Carlos, príncipe de Viana, por regir los destinos de Navarra. Este enfrentamiento se convirtió en una lucha entre los principales linajes navarros: los agramonteses, que apoyaron a Juan II, y los beaumonteses, que apoyaron a Carlos. Juan II fue el rey efectivo de Navarra hasta su muerte en 1479. Después le sucedieron sus nietos Francisco Febo (1479-1483) y Catalina (1483-1512), casada con el francés Juan de Albret. Catalina y Juan de Albret buscaron la alianza con Francia y el alejamiento de Castilla. Fernando el Católico lo impidió invadiendo Navarra en 1515 e incorporándola a la Corona de Castilla.
Las primeras noticias sobre el territorio de la actual Navarra se remontan a la época de los vascones, pueblo resistente a la romanización, frente a quienes los romanos construyeron la fortaleza de Pompaelo (actual Pamplona). Fue la ocupación de esta ciudad por los musulmanes durante el siglo VIII lo que propició la creación del reino de Pamplona, alzado a la vez contra el islam y contra la influencia franca. De orígenes algo confusos, se puede considerar que el reino estaba consolidado a comienzos del siglo IX con la dinastía de los Arista.
Durante la edad media el reino de Navarra cambió varias veces de dinastía y su política osciló entre la orientación francesa y la peninsular, hasta que en 1512 el reino fue invadido por los ejércitos de la Corona de Castilla tras un turbulento periodo de luchas civiles. Las Cortes de Burgos (julio de 1515) sancionaron la incorporación, respetando que el viejo reino de Navarra permaneciera como reino de por sí y distinto en territorio, jurisdicción y leyes. Navarra continuó, pues, con sus instituciones propias tanto en los asuntos económicos (Cámara de Comptos o Consejo de Hacienda) como legislativos (sus Cortes continuaron reuniéndose ininterrumpidamente). Un virrey, en nombre del monarca, presidía el Consejo Real. Todavía en 1834, Isabel II fue proclamada por la Diputación del reino como Isabel I de Navarra.
Durante el siglo XIX Navarra fue asolada por las Guerras Carlistas, que enfrentaron a éstos contra los liberales, partidarios de un Estado centralizado. A pesar del triunfo liberal, en el Convenio de Vergara de 1839 se confirmaron los fueros de las Provincias Vascongadas y de Navarra. En consecuencia, el 16 de agosto de 1841 el reino de Navarra dejó de existir y el territorio pasó a denominarse provincia foral. Desde entonces y hasta 1982, la provincia foral gozó de un grado particular de autonomía administrativa, financiera y un derecho civil peculiar que ni siquiera fue conculcado por el franquismo, al ser considerada Navarra una provincia 'fiel' durante la Guerra Civil (1936-1939).
El proceso de industrialización, a partir de la década de 1960 ha cambiado profundamente la estructura sociológica e ideológica de Navarra, que ha perfeccionado su tradición autonomista con la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral, pactada entre las instituciones democráticas de Navarra y el Estado español en 1982. Pese a lo cual, se mantiene vigente la polémica en torno a cuál debe ser el tipo y el grado de relación con la Comunidad Autónoma Vasca.
SALUDOS CORDIALES
--------------------------------------------------
|